Las personas que están atravesando un bajón emocional, muchas veces descubren que se sienten atrapadas. Desde fuera, parece que está claro lo que hay que hacer cuando alguien está sufriendo un proceso de ansiedad, depresión o malestar emocional. Nuestros amigos y familiares nos invitan a pensar en positivo, nos riñen porque perciben que no ponemos de nuestra parte, nos instigan para que salgamos a tomar algo, etcétera. Sin embargo, la persona que sufre parece haber caído en una trampa.
Es el caso de Loli. María Dolores (Loli para los amigos) tiene veinticinco años, está empezando a emanciparse. Al mismo tiempo que termina un máster de recursos humanos, ha empezado a trabajar en una asesoría. Es su primera oportunidad laboral y tiene mucho miedo a fracasar. Los plazos, las exigencias, el negociado con los clientes le provoca mucha tensión. No tiene claro si le van a renovar el contrato. Al mismo tiempo, está pasando una mala racha con su novio. Después de mucho tiempo juntos, él parece desinteresado. Por otra parte, la separación del nido familiar tampoco ha sido fácil. Ha tenido varios encontronazos con los padres sobre la salida de casa. Todas estas tensiones emocionales, aderezadas de buenas dosis de preocupación y tristeza, han provocado que Loli empiece a dormir mal, comer poco, no tener ganas de salir y abandonar las actividades que le gustaban como hacer deporte o ir al cine.
Loli ha empezado a caer en la trampa I.A.G. que puede desencadenar y perpetuar un cuadro ansioso depresivo. Es la trampa de la inactividad, el aislamiento y la gratificación.
INACTIVIDAD: a Loli no le apetece hacer deporte, salir, ni ir al cine. Solo le apetece estar tranquilita en casa descansando de tantas presiones y tantas preocupaciones. Esta apetencia que le pide el cuerpo, poco a poco, la conducirá al auto abandono, al sentimiento de incompetencia y a la pérdida de energía vital.
AISLAMIENTO: a Loli no le apetece ver a nadie. No quiere enfrentarse a la pregunta de ¿cómo estás? oh ¿qué tal va todo?. No quiere tener que dar explicaciones porque tiene miedo a derrumbarse. Por eso evita salir y quedar con nadie. Cada vez que queda con amigas o familiares, se siente fuera de lugar y ese malestar le invita a huir. Cuando uno corta los vínculos con los demás, está cortando las cuerdas que le pueden ayudar a salir del pozo. En soledad, la rumiación, las preocupaciones y los fantasmas crecen y nos asfixian.
GRATIFICACIÓN: a Loli solo le apetece estar bien. Una de las formas de lidiar con su tristeza y su malestar es darse pequeñas gratificaciones: se alimenta de pizza, helados y nachos, se ha aficionado a tomar cerveza a diario y pasa horas mirando videos, memes y redes sociales. El placer es una vía de escape de la frustración y la tristeza. Estos malos hábitos le aliviarán el malestar momentáneamente pero a medio plazo limitarán su capacidad de disfrute de la vida, de las relaciones sociales, del trabajo, etcétera.
Desde fuera todos podemos ver que Loli está cayendo en una trampa emocional. Está haciendo lo que le pide su cuerpo. Cuando estamos mal nuestro foco atencional es conseguir bienestar huyendo del malestar, y para eso buscamos tranquilidad, soledad y pequeños placeres. Esto, que es normal, en muchas ocasiones puede convertirse en un resorte que active un círculo vicioso en el que la persona se hunda más y más.
¿Cómo podríamos ayudar a Loli? Tal vez podríamos elaborar otro artículo.
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