“Me va a dar algo, estoy fatal y tengo ganas de salir pitando”.
La ansiedad tiene muy mala prensa. No obstante, es sabido que se trata de una respuesta natural de nuestro cuerpo ante potenciales amenazas. Cuando nos enfrentamos a una prueba médica, a una reunión importante o una conversación difícil es normal sentir esta reacción en nosotros mismos. Nuestro cuerpo moviliza los recursos para afrontar el peligro, bien sea huyendo o luchando. Nos preparamos para el combate: aceleramos el pensamiento, tensamos la musculatura, aumentamos el ritmo cardíaco y nos disponemos afrontar el reto. Es el efecto de la adrenalina y el cortisol.
¿Tiene algo bueno la ansiedad?
En primer lugar, es necesario reconocer que se trata de una respuesta natural y adaptativa que nos ayuda a enfrentar los retos, peligros y amenazas de la vida: exámenes, relaciones difíciles, trabajos, problemas de salud. Por tanto, nuestro objetivo nunca debe ser eliminar la ansiedad, sino más bien aprender a manejarla para que nos ayude como una palanca hacia la acción. No se trata de vivir sin ansiedad, sino de vivir con menos ansiedad.
¿Cuándo es un problema?
No obstante, en ocasiones, esta respuesta puede desbordarse y tomar el control de nuestra forma de relacionarnos con el mundo porque los síntomas son:
1.- Muy desagradables.
2.- Demasiado frecuentes.
3.- Duran mucho.
4.- Ocurren en circunstancias que no deben presentarse.
5.- Obstaculizan nuestros verdaderos objetivos vitales.
¿Causas de la ansiedad?
Podemos reconocer tres fuentes principales de la ansiedad:
1.- Estrés psíquico: Conflictos personales, pérdidas de seres queridos, cambios vitales, dificultades económicas, presión en el trabajo, etc.
2.- Estrés físico: Enfermedad, falta de sueño, consumo de alcohol y sustancias, mala alimentación, sedentarismo, etc.
3.- Personalidad ansiosa con tendencia a la preocupación. Se trata de perfiles más propensos a responder con una respuesta ansiosa más descompensada.
¿Cómo la podemos reconocer?
La ansiedad se presenta en tres ámbitos: Pensamiento, cuerpo y conducta.
1.- Pensamiento: nuestra mente nos avisa de una amenaza realmente mayor de la que debemos afrontar. Usa mensajes automáticos, como flashes, irracionales, de carácter catastrófico. “No voy a poder soportarlo”; “Me va a dar un infarto”; “Me voy a volver loca”.
2.- Cuerpo: Los síntomas físicos de la ansiedad son signos de preparación para la acción. A veces aparecen sin conocer la razón y en muchas ocasiones son muy desagradables. Muchas veces nos hacen pensar que tenemos un problema físico grave (“Me va a dar un infarto”). Hay que saber que, aunque nos condicionan mucho, no son síntomas peligrosos.
- Palpitaciones, tensión muscular, sequedad de boca, dolor de cabeza, sudor excesivo, opresión en el pecho, respiración acelerada, descomposición de estómago, estreñimiento, tensión en el cuello, cansancio, visión borrosa, debilidad en las piernas. -
3.- Conducta: Huir. Escapar. Evitar. Nuestra primera reacción será siempre evitar las situaciones que hemos asociado a la ansiedad. Evitamos situaciones sociales, espacios, momentos u otros contextos que nos hacen sentir mal. Esto nos alivia. Pero este alivio se convierte en una recompensa que nos impulsa, una y otra vez a evitar, escapar o huir de esas situaciones difíciles. A la larga, esto condiciona nuestra relaciones, nuestra salud, nuestro desempeño en el trabajo y nuestra autoestima. Pensamos que hemos escapado de la trampa pero hemos caído en una trampa mayor: él hábito de huir del malestar.
Otra forma de huir, son las conocidas “conductas de seguridad”. La persona siente que debe hacer una serie de cosas para sentirse seguro: comprobar, limpiar, llevar un amuleto, hablar rápido, inspeccionar, etc.
¿Cómo se activa y se mantiene?
Cuando se presentan las temidas situaciones difíciles o cuando las anticipamos, la respuesta de ansiedad se activa. En una segunda fase, cuando notamos nuestra reacción en alguno de los tres ámbitos, la respuesta se acelera y puede tomar el control de nuestro comportamiento.
¿Cómo podemos afrontarla?
Creo que aquí hay materia para otro artículo. 😉
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